La Misión Permanente

La Misión Permanente es un envío personal y eclesial que el Señor Jesús hace a todos y cada uno en la iglesia para que, animados por el Espíritu Santo, compartamos el Evangelio con cada persona, especialmente con los que se han alejado de la comunidad de la Iglesia.

 

Así mismo es la condición propia de la Iglesia: Evangelizar, celebrar, anunciar, salir de sí misma, ser samaritana, acoger y ser signo de salvación para el mundo.

 

"La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión". (Aparecida 360)

PREÁMBULO

LA CASA CATÓLICA

LA CASA CATÓLICA

2017

MISERICORDIA

CASA POR CASA

MANUAL DEL

MISIONERO

TEMAS DE

PREPARACIÓN

PARA EL MISIONERO

MISIÓN EN EL

SANTUARIO SJDM

La Misión busca renovar la comunidad eclesial en su conjunto, para que todos los bautizados, convertidos en discípulos misioneros sean capaces de dar testimonio de la Buena Noticia en nuestro mundo.

¿QUIÉNES SOMOS MISIONEROS?

Dentro de la Misión Permanente entramos todos: Bautizados, niños, jóvenes, mayores, sacerdotes, obispos, religiosos y religiosas, movimiento eclesiales.

Ya no seremos discípulos y misioneros sino que seremos discípulos misioneros.

 

- "Como discípulos misioneros, estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad". (Aparecida 145)

 

- "La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la iglesia a todos los confines del mundo". (Aparecida 145)

 

 ¿POR QUÉ ES MISIÓN?

Es Misión porque su objetivo fundamental es poner a la Iglesia y a todos en la Iglesia, en un estado permanente de misión. Esto implica “pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” y ayudar a que todos en la Iglesia seamos fieles servidores de la vida, por amor al Señor que es la VIDA.

 

"El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad, Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo". (Aparecida 164)

NUESTRO COMPROMISO COMO MISIONEROS

La Misión Permanente requiere de una conversión personal, pastoral y eclesial e implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales. Es decir, cambios profundos en nuestra manera de vivir la fe, de organizar la pastoral, de administrar la Iglesia y de servir al mundo, dejando de lado estructuras caducas que condicionan negativamente nuestro caminar; se nos exige el valor de una autocrítica profunda, a la luz de la palabra de Dios.

 

"El discípulo, a medida que conoce y ama a su señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios". (Aparecida 278)

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I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

 LÍNEAS FUNDAMENTALES DE LA MISIÓN ARQUIDIOCESANA

 

OBJETIVO

Describir con precisión las características de la misión territorial de la Arquidiócesis de Cali, resaltando el llamado a la Iglesia de tener una pastoral misionera, explicando la metodología para la misión y el factor permanente de la acción pastoral en los sectores de la parroquia.

 

Puntos a desarrollar:

Iniciamos con la Lectura del Evangelio de Mateo 28, 19- 20.

 

1. La Misión fundamental de la Iglesia es el anuncio de Jesucristo. “La Iglesia está efectiva y concretamente al servicio del Reino. Lo está, ante todo, mediante el anuncio que llama a la conversión; éste es el primer y fundamental servicio a la venida del Reino en las personas y en la sociedad humana” (RM 20).

2. Estamos en un momento de conversión pastoral donde toda la evangelización está llamada a ser misionera. “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo”. (EG 273).

3. Todos estamos llamados a ser misioneros por nuestra dignidad de bautizados. Somos corresponsables de la acción pastoral de la Iglesia. (Hch 4, 1-16).

4. No es una simple misión parroquial, es una parroquia misionera que cambie todos los esquemas de anuncio, que se revitalice por el anuncio de Jesucristo. “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras” (EG 27).

5. La diferencia con las misiones tradicionales será el quedarnos en el territorio, será una misión que no termina, que promueve el evangelio en las periferias de la parroquia de forma continua.

6. Esta misión inicia del 13 al 20 de noviembre y continuará con la presencia en los sectores, animando pastoralmente por medio de la palabra, la oración, las celebraciones. Es importante que en cada lugar se ubique una casa católica.

7. Los llamados a realizar la misión territorial somos todos, sin excepción alguna, nadie se puede sentir excluido, pero no serán esfuerzos individuales, nos organizamos en las asambleas pastorales.

8. Debemos con urgencias realizar tres actividades: A. Estructurar la asamblea pastoral. B. sectorizar la parroquia. C. formarnos para la misión.

9. Vamos a llevar una persona, a Jesucristo, vamos a llevar la alegría, por eso les propongo los cinco verbos de la misión: tomar la iniciativa, involucrarse en la comunidad, acompañar procesos. Fecundos en la entrega. Celebrar la vida.

10. ¿Qué vamos a hacer? Llevar a Jesucristo (Martiria), Celebrar con los fieles (Liturgia), Compartir nuestra alegría (Koinonia), y ayudar a los más necesitados (Diaconia).

 

Abreviaturas

 

EG EvangeliiGaudium..

RM RedentorisMissio.

CV II Concilio Vaticano II.

LS LaudatoSii.

MV Misericordia Vultus.

HCH Hechos de los Apostoles.

 

 

ESTRUCTURA PASTORAL DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CALI

 

OBJETIVO

Conocer con precisión la estructura pastoral de la Arquidiócesis de Cali, resaltando los centros y líneas pastorales a seguir para implementar el futuro plan pastoral e integrarlo a la misión permanente de esta porción de Iglesia que camina en la Arquidiócesis de Cali

 

Puntos a desarrollar:

Iniciamos con la Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios12, 12 – 31.

 

1. ZONAS EPISCOPALES

Nuestras arquidiócesis de Cali para una mayor eficacia pastoral está dividida en 4 zonas episcopales.Una zona episcopal es la subdivisión territorial de una diócesis, que comprende varios arciprestazgos, son un instrumento de diálogo y un signo eficaz de comunión dentro de la diócesis, entre las parroquias y los órganos arquidiocesanos de Gobierno.

Los objetivos de las zonas episcopales consisten en promover y coordinar las acciones de conjunto, de acuerdo con el Plan Pastoral Arquidiocesano, teniendo en cuenta las características peculiares de cada zona episcopal.

Tienen como misión ser un ámbito de reflexión y evaluación del dinamismo pastoral de la zona, en coordinación con la pastoral diocesana y ser un espacio privilegiado para la formación permanente de los sacerdotes y agentes de pastoral.

 

2. ARCIPRESTAZGO

Es un conjunto territorial de parroquias cercanas para facilitar la labor pastoral, mediante una actividad común, según la división realizada en la diócesis. Actualmente contamos con 18 arciprestazgos.

En cada uno de ellos se deben favorecer los siguientes lineamientos: Generar comunidad de presbiterio y fraternidad sacerdotal. Animar el Plan Pastoral Arquidiocesano. Administración Parroquial. Prever la creación de nuevas parroquias.

 

3. PARROQUIA

La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia Particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio, para que en esa misma comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación también de otros presbíteros o diáconos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho.

 

4. CENTROS ARQUIDIOCESANOS

Con el objetivo de un trabajo más articulado, que responda a los diferentes desafíos de la evangelización de nuestra querida Arquidiócesis, preparando la recepción del plan pastoral y el inicio de la misión permanente, por iniciativa de Mons. Darío de Jesús Monsalve, hemos organizado la totalidad de pastorales y servicios en 6 centros: Centro de reconciliación, Centro de familia, Centro de ministerios, Centro de evangelización, Centro educativo y centro de administración.

Corresponde a los responsables de los centros el animar, unificar criterios y promover el servicio corresponsable en las diferentes pastorales especializadas.

 

5. LINEAS PASTORALES

   Discipular (Formación)

  Solidaria (No ajena a las realidades)

  Sinodal (Laicos que caminan)

 

 

 

FUNDAMENTO BÍBLICO DE LA MISIÓN

 

OBJETIVO

Conocer el fundamento bíblico de la misión de la Iglesia yayudados por el magisterio del papa Franciscotener claridad de cuál es nuestra misión en la realidad actual del mundo que vivimos, asimismo tener las bases para realizar una efectiva y eficaz misión territorial e instaurar la misión permanente en nuestra Iglesia particular de Cali.

 

Puntos a desarrollar:

Iniciamos con la Lectura del Evangelio de Mateo 28,16-20.

 

1. La cosa empezó en Galilea “vosotros mismos sabéis lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó.” (Hch 10,37) no hay que olvidar los inicios, nuestro origen.

2. La Misión no se limita a los confines propios sino que tiene que abrirse a otros pueblos. Tiene que pensar en tantos que no conocen a Jesús y quien ha venido para dar vida y vida en abundancia.

3. Hay que subir al Monte para encontrarnos con Jesucristo. La duda y la certeza convienen mientras no veamos cara a cara o no lo conozcamos como somos por Él conocidos y esto solo se logra si subimos al monte (signo de la presencia de Dios).

4. En el testamento de Jesús encontramos un único imperativo: hacer discípulos, precedido por un participio indicando que es una acción continua, sin parar. La misión es permanente, no es de un momentico y ya, ni un alboroto de una mala noche, es una orden expresa del Maestro.

5. ¿A quién hay que hacer discípulos? Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Si un imperativo está en relación con una orden, indica que la orden de Jesús es hacer discípulos de todos los pueblos. La tarea de la Iglesia es una tarea bella, grande, fascinante, desafiante, perenne porque será hasta que este mundo se termine.

6. Hacer discípulos no es adoctrinar, es un acercar a la persona a otra persona y ponerlas en relación, es acercar a la persona con el Maestro de tal manera que al pie de Él lo conozca, lo ame y lo siga. (Mc. 8,34-38; Jn. 14,15.23-24; 15,14).

7. “la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. […]La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás”. (EG 264).

8. “La Iglesia está llamada a difundir su misericordia sobre todos aquellos que se reconocen pecadores, responsables del mal realizado, que se sienten necesitados del perdón. La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que eso suceda, lo repito a menudo hace falta salir”.

9. “El hospital de campo, la imagen con la que me gusta describir esta “Iglesia Emergente” tiene la característica de aparecer allí donde se combate: […] Es una estructura móvil, de primeros auxilios, de emergencia, para evitar que los combatientes se mueran. Se practica la medicina de urgencia, no se hace check-up especializados. Espero que el jubileo extraordinario haga emerger más aun el rostro de una iglesia que descubre las vísceras maternas de la misericordia y que sale al encuentro de los muchos “heridos” que necesitan atención, comprensión, perdón y amor”. (El nombre de Dios es misericordia de Andrea Tornielli).

 

 

 

EL LAICO Y SU FUNCIÓN CORRESPONDIENTE EN LA MISIÓN

 

OBJETIVO

promover la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia como lo exige su condición eclesial, y Animar a toda la comunidad eclesial y en particular a los laicos a impulsar una nueva evangelización en la Arquidiócesis de Cali con miras a la misión permanente.

 

Iniciamos con la Lectura del Evangelio de Juan 17

 

1. La Iglesia es COMUNIÓN (LG) (Jn 17,11. 22-23) La Iglesia es, en Cristo, el sacramento de unión con Dios y de la unidad de todo el género humano (LG 1). Con otras palabras: la comunión eclesial se fundamenta en la unidad de Dios y la revela.

2. La Iglesia es MISIÓN (GS) (Jn 17,18) La Iglesia no vive para sí: está al servicio del Reino de Dios (RM 20). La Iglesia existe para evangelizar(EN 14). Esta misión es responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia. Los laicos participan de la misión de la Iglesia y son ellos mismos misioneros.

3. La Iglesia es COMUNIDAD MISIONERA (CHL) (Jn 17,21).Los laicos no solo pertenecen a la Iglesia, sino que son la Iglesia(CHL, 9). Por el bautismo los laicos a su modo participan de las tres funciones de Cristo: enseñar, santificar y gobernar, lo que subraya su condición eclesial, su pertenencia a la Iglesia(CIC C. 204). Por eso, la "entera Iglesia", y cada una de nuestras Iglesias particulares, no está plenamente constituida si, junto a los obispos, sacerdotes y religiosos, no existe un laicado adulto y corresponsable(Cfr. AG 21). La corresponsabilidad es, sin duda, una de las exigencias y expresiones más significativas de la comunión.

4. El sacerdocio común (LG) (Rm 12,1) Los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo. El sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, aunque difieren esencial y no solo gradualmente, se ordenan el uno al otro, pues cada uno participa de modo peculiar del sacerdocio de Cristo. Los fieles lo ejercen con la recepción de los Sacramentos, la oración y acción de gracias, en el testimonio de una vida santa, con la abnegación y la caridad activa (LG 10).

5. Los laicos cristianos – Iglesia en el mundo (LG-GS) (Jn 17,15.21.23)la condición eclesial de los laicos, su pertenencia y participación en la vida y misión de la Iglesia, está caracterizada por su "índole secular". (GS 43). Los laicos viven en el mundo, en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social. Y son llamados por Dios para santificar el mundo desde dentro, a modo de fermento(LG 31).El campo propio de su acción evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, de la cultura, de las ciencias y de las artes, etc.(EN 70). Es urgente y necesario acentuar esta dimensión. Sin olvidar que la corresponsabilidad de los laicos comprende la edificación de la comunidad eclesial y su acción evangelizadora en la sociedad civil(LG 33).

6. La formación de los laicos debe contribuir a una espiritualidad laical: a la unidad de vida, a una vida según el espíritu en el mundo. Las asociaciones de laicos son a un tiempo realizaciones de la Iglesia, comunidades evangelizadas y evangelizadoras.

7. Los laicos cristianos son Iglesia: miembros de la comunidad eclesial y ciudadanos de la sociedad civil, inseparablemente. Son el "alma de la sociedad” (Cfr. Carta a Diogneto). Son, Iglesia en el mundo. Viven aquella unidad y distinción característica de lo católico, de la Iglesia, de Jesucristo.

8. Los propios laicos han de tomar conciencia de la dignidad derivada del bautismo por el que son hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo, y han de asumir el compromiso de participar en la vida y misión de la Iglesia como miembros corresponsables según su peculiar dimensión secular(CHL 10).

9. Los cristianos laicos, han de participar activamente en la triple tarea evangelizadora: profética, litúrgica y caritativo-social. Han de confesar la fe y denunciar las injusticias(LG 35); ofrecerse a sí mismos y su actividad(LG 34); servir al Reino de Dios promoviendo la dignidad de la persona, la justicia, la verdad, la paz, la solidaridad con los pobres...(CHL 14).

 

LG Concilio Vaticano II, Lumen Gentium (1964).

 

GS Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes (1965).

 

RM Juan Pablo II, Encíclica RedemptorisMissio (1990).

 

EN Pablo VI, Exhortación Apostólica EvangeliiNuntiandi (1975).

 

CHL Juan Pablo II, Exhortación Apostólica ChristifidelesLaici (1988).

 

CIC CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (1983).

 

AG Concilio Vaticano II, Ad Gentes (1965).

 

Carta a Diognetoobra de la apologética cristiana, escrita, quizás, en las postrimerías del siglo II.

 

 

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

OBJETIVO

Descubrir que la misericordia es el ser mismo de la Santísima Trinidad y nuestra misión es permitirle a Dios que transforme nuestra existencia viviendo su proyecto de amor y a través de nuestro testimonio de fe animar a toda la comunidad eclesial e impulsar una nueva evangelización en la Arquidiócesis de Cali con miras a la misión permanente.

 

Iniciamos con la Lectura de la carta del apóstol san pablo a los Efesios 1,4-10.

 

1. La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas. Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios. Las Personas divinas son realmente distintas entre sí. "Dios es único, pero no solitario". "El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo es el Padre o el Hijo". La Unidad divina es Trina. (CEC 253-255)

2. Dios es amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios quiere comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Tal es el "designio benevolente" (Ef 1,9) que concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado, "predestinándonos a la adopción filial en Él" (Ef 1,4-5), es decir, "a reproducir la imagen de su Hijo" (Rm 8,29) gracias al "Espíritu de adopción filial" (Rm 8,15). Este designio es una "gracia dada antes de todos los siglos" (2 Tm 1,9-10), nacido inmediatamente del amor trinitario. (CEC 257).

3. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. (MV 2).

4. La misericordia como espejo de la Trinidad . “Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad”. (MV 8). Si Dios es amor, su esencia mas intima ha de resultar comprensible de forma aproximada por analogía con el amor humano. La misericordia de Dios es revelación y espejo de su esencia. Se refleja el amor eterno del Padre, el Hijo, y del Espíritu Santo, un amor que se comunica a sí mismo. La misericordia no es realización de Dios sino espejo de su intrínseco ser Trinitario en el amor, se transforma en realidad concreta para nosotros y en nosotros.

5. Misericordiosos como el Padre. El evangelista refiere la enseñanza de Jesús: «Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso» (Lc 6,36). Es un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz. El imperativo de Jesús se dirige a cuantos escuchan su voz (cfrLc 6,27). (MV 13).

6. «Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia». (MV 6) En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfrLc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón… Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. (MV 9).

 

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en

 

7. Jesús de Nazaret. Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios. (MV 1). La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16) … Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona gratuitamente. En el todo habla de misericordia. (MV 8).

8. El Espíritu Santo que conduce los pasos de los creyentes para que cooperen en la obra de salvación realizada por Cristo, sea guía y apoyo del Pueblo de Dios para ayudarlo a contemplar el rostro de la misericordia. (MV 4) Cada uno de nosotros ha recibido el don del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables. (MV 17).

9. El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros. (MV9).

 

 

 

 

LABOR DEL DELEGADO DE LA PALABRA EN LA MISIÓN

 

La palabra es vida, amor, alimento. Sin la palabra nos morimos. Dar la palabra es entrar en contacto, crear vínculos, regalar lo mejor de uno. ¿No es verdad que cuando nos enojamos con alguien lo primero que hacemos es dejarle de hablar, negarle la palabra? Sabemos bien lo que vale nuestra palabra porque la negamos.

 

Para que se pueda tener verdadera fe en alguien, es necesario que nos de su palabra. Así, Dios nos ha dado su palabra. Cristo es la palabra. Dios nos ha dado a Cristo, su Hijo, su palabra. Ha querido dialogar con nosotros. Dialogar es dar la palabra.

 

En la Iglesia no cabe  celebración sin palabra. La relación entre Escritura y Eucaristía ya es patente en el capítulo sexto de Juan. Palabra y sacramento se  relacionan de manera que la liturgia se alimenta de la palabra de Dios, la cual a su vez, se convierte, por un nuevo título, en palabra de vida. Por eso el rito eucarístico que nos mandó celebrar el Señor posee esta infraestructura: liturgia de la palabra y liturgia eucarística.

 

Así lo encontramos reflejado en un precioso relato pascual (Lc. 24, 13-35) sobre la base histórica del encuentro de dos discípulos donde se desarrolla una narración catequética tendente a expresar el  encuentro de Jesús, su Palabra misma con aquellos que se encuentran afuera. En efecto, en el atardecer del día de pascua, un misterioso hombre se agrega en el caminar hacia Emaús con aquellos dos discípulos descorazonados que no le reconocen por su fisonomía. A continuación el compañero de camino hace una catequesis. La vida y la palabra de Dios conducen a la celebración del sacramento, en este caso la fracción y la bendición del pan. La conjunción de los tres elementos -vida, palabra, y fracción del pan- provocan la apertura del corazón y de los ojos para captar la presencia del Resucitado.

 

El Resucitado se revela en la alternancia entre presencia y ausencia: cuando está presente "no es visto", y cuando se abren los ojos de los discípulos, entonces ya no está. Y es que Jesús nos acompaña aunque no lo percibimos, y cuando se nos abren los ojos de la fe y el corazón de la comprensión entonces lo percibimos presente aunque nuestros ojos corporales no lo vean.

 

Aquí tenemos la estructura fundamental de la celebración eucarística: la mesa de la palabra y la mesa del pan.

 

Ahora bien, hay un detalle que no debería pasar desapercibido: aquella explicación de las Escrituras por parte de Jesús, ¿acaso fue un gesto inerte, mera palabrería? En absoluto; fue un proceso comunicativo de enorme trascendencia. Puso a arder los corazones de Cleofás y su compañero. Con aquella explicación, Jesús penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en Él. Por eso quitar a la celebración eucarística la liturgia de la palabra no sería separar una parte, sino mutilar un organismo. Por ello, ambas constituyen un solo acto de culto.

 

Que la proclamación de la palabra se hace culto divino en la celebración conlleva que esa celebración de la palabra no solo se ordena a realizar el aspecto santificante (dimensión descendente), sino también el aspecto igualmente objetivo del culto (dimensión ascendente) «Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo»  (Is 55, 10-11).

 

En consecuencia, la proclamación de la palabra de Dios constituye una realidad que sólo puede apreciarse en su justa medida desde el estatuto teológico de la liturgia. La liturgia de la palabra no puede tener otras coordenadas que las de la liturgia misma, que es sincronía con la redención, presencia, y actualización eficaz de la salvación por medio de signos sensibles. Por eso, en la celebración se da la actualización perfecta de los textos bíblicos. Más que una realidad cerrada en sí misma y estática, la celebración es el lugar donde la palabra revelada se manifiesta como palabra que actúa.

 

Por consiguiente, es en su momento cultual donde la Escritura desprende sus esencias más íntimas. La lectura de los textos está afectada por la mediación del receptáculo en el que esa lectura se lleva a cabo: la celebración de la Eucaristía. Entonces, la proclamación de los contenidos bíblicos se realiza con la máxima fuerza y del modo absolutamente mejor, es decir, actualizándolos.

 

En efecto, de toda celebración eucarística brota irreprimible el canto pascual: «Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo volverá», y ninguna palabra humana podrá tener jamás esa fuerza. Cualquiera que sea el texto que se proclame en la liturgia de la palabra, nunca podrá comprenderse desligado del plan salvífico de Dios, orientada siempre al misterio pascual de Jesucristo. No hemos de aproximarnos a la palabra de Dios como a un pasado, sino como al presente; no como a una espera, sino como a un cumplimiento. El cristiano que participa en la Eucaristía se siente inmerso no en el tiempo de las promesas, sino en el tiempo del cumplimiento de las promesas, que es el tiempo de la liturgia.

 

Nunca la Biblia es tan Biblia como cuando se la proclama en la Eucaristía que celebra la Iglesia. La vitalidad, la actualidad y el dinamismo del sentido profundo de la Escritura se realiza en la liturgia, ya que tal sentido profundo no es sino la unidad de la economía salvífica, que se actualiza en el rito.

 

 

 

 

LABOR DEL DELEGADO DE LA EUCARISTÍA EN LA MISIÓN

 

El servicio litúrgico de distribuir la comunión, tal como ha quedado ahora regulado (CV II, SC 48; RSCYCEFMN°17), se puede decir que ha entrado bien en la sensibilidad del pueblo cristiano. No en vano había sido un verdadero tabú durante siglos para los laicos el tocar con la mano la Eucaristía.

 

Sacramento de la Eucaristía

 

Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y su Sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de gloria futura.

 

Las varias funciones incluidas en este ministerio son:

 

- Dentro de la Misa: ayudar al sacerdote a repartir la comunión, cuando es grande el número de comulgantes y faltan otros ministros ordenados; o bien cuando se quiere dar bajo las dos especies.

 

- Fuera de la Misa: cuando en ausencia del sacerdote hay fieles que quieren comulgar (Liturgia de la palabra).

 

- A los enfermos

 

- Celebraciones dominicales en ausencia del sacerdote, en las que los laicos pueden recibir el encargo oficial por parte del Obispo de presidir la celebración de la palabra y distribuir a sus hermanos la comunión.

 

- La exposición del Santísimo, en ausencia del sacerdote.

 

Toda eta serie de servicios litúrgicos obedece al deseo de ayudar a que la comunidad cristiana celebre mejor la Eucaristía.

 

Se puede decir que la motivación primera es la utilidad pastoral. Así, dentro de la Misa, el que unos laicos puedan ayudar a repartir la comunión cuando son muchos los fieles y no hay suficientes ministros ordenados, favorece el que la celebración sea ágil, proporcionada, no innecesariamente larga.

 

En los casos en que, fuera de la Misa, los laicos son encargados de repartir la comunión, la comunidad cristiana encuentra facilitado su acceso a este sacramento, si en caso de no concederse este permiso se tuviera que quedar sin comulgar. Así mismo los enfermos pueden comulgar más frecuentemente.

 

Con este servicio se da otra imagen de la Iglesia y se pone de manifiesto la dignidad del laico. En virtud de su bautismo, todo cristiano pertenece a la comunidad sacerdotal y puede recibir este encargo de ayudar a sus hermanos también en la celebración de los sacramentos. Aquí se trata de una misión litúrgica no necesariamente ligada al ministerio ordenado. El Bautismo no da «derecho» a ejercitar ni este ni otro servicio, pero sí la «capacidad» de recibir por parte de los responsables la misión de ejercerlos en bien de la comunidad.

 

Es un ministro «extraordinario»

 

Los laicos que reciben así esta misión, dentro o fuera de la Misa, son considerados ministros «extraordinarios» de la comunión. También los acólitos «instituidos» lo son, aunque sean ministros permanentes. Los únicos ministros «ordinarios» de la distribución de la comunión son los ordenados (diáconos, presbíteros y obispos).

 

Llamar a un ministro «extraordinario» significa que sólo puede ejercitar el encargo recibido en ausencia de los ministros ordenados. Si hay diáconos o sacerdotes, son éstos los que deben distribuir la Eucaristía. Empezando por el presidente de la celebración, que es el que con mayor coherencia, en nombre de Cristo, reparte a sus hermanos el Cuerpo y la Sangre del Señor (todos los documentos desautorizan expresamente el que un sacerdote se siente y deje que sean los laicos solos los que repartan la comunión).

 

Actitud exterior e interior

 

Distribuir la comunión es un servicio hermoso, significativo, que debería llenar de alegría a quien es llamado a realizarlo.

 

Exteriormente no hace falta decir que si todo servicio litúrgico merece una compostura y una actitud digna, éste de la comunión todavía lo pide más.

 

Ante todo se pide a estos delegados respeto y aprecio a la Eucaristía: es el momento central de la celebración, cuando Cristo se da a los suyos como alimento de vida eterna. Todo delegado que ayude a que la comunión se realice con dignidad, debe él mismo estar convencido de la importancia de este sacramento, tener «sentido de lo sagrado», porque está sucediendo el misterio central de la donación de Cristo y de la fe de los cristianos. Está ayudando a un acontecimiento de fe y debe notársele en su modo de actuar y en su postura interior.

 

Estos delegados deben mostrar también su respeto y amor a la comunidad a la que sirven: están ayudando a sus hermanos a recibir al Señor en las mejores condiciones posibles de celebración. En el caso de llevarlo a los enfermos, están facilitando este encuentro de fe a personas que no han podido acudir a la celebración comunitaria.

 

Esta delegación no es un «privilegio» para ellos, sino un «servicio» para bien de los demás. Su actitud interior y exterior de «servidores» y su talante humilde harán manifiesta su fe en la importancia de la Eucaristía y el respeto que les merece la comunidad.

 

Es un servicio que debería ir unido a una actitud de disponibilidad generosa: muchas veces no será cómodo estar dispuestos a participar en algunas celebraciones en que hace falta este servicio, porque no coincide con los planes y proyectos personales del fin de semana: pero todo servicio es para los demás, no para provecho propio.

 

Algunas cosas que se han de observar al distribuir la sagrada comunión

 

-          Cuando se administra la Sagrada comunión en un lugar diferente de la iglesia, prepárese una mesa decente cubierta con un mantel; téngase también preparado los cirios.

 

-          Los ministros extraordinarios lleven o el vestido litúrgico tradicional de la región, o un vestido que no desdiga de este ministerio y que el Obispo apruebe.

 

-          Para administrar la comunión fuera de la iglesia, llévese la Eucaristía en una cajita u otro vaso cerrado.

 

-          Al distribuir la Sagrada Comunión consérvese la costumbre de depositar la hostia consagrada en la lengua de los que reciben la comunión. Sin embargo, las Conferencias Episcopales pueden decretar, con la confirmación de la Sede Apostólica, que en su jurisdicción se pueda distribuir la sagrada comunión depositándola en la mano de los fieles (IGMR- Instrucción pastoral de los obispos de Colombia N° 18).

 

-          La sagrada comunión debe ser distribuida por el ministro competente, que muestre y entregue al comulgante el pan consagrado, diciendo, diciendo la fórmula: «El Cuerpo de Cristo» a lo que cada fiel responde «Amén».

 

 

 

LA EUCARISTÍA, CENTRO DE NUESTRA MISIÓN

 

La palabra Eucaristía viene del griego «eu», bueno, y «charis, jaris», gracia: «buena gracia» (en sentido descendente), o «acción de gracias» (en sentido ascendente).

 

Los evangelios sinópticos y Pablo (1Co 11) nos transmiten cómo Cristo, en su cena de despedida, encargó a sus Apóstoles que celebraran el sacramento de su Cuerpo entregado y de su Sangre derramada, bajo la forma del pan y el vino.

 

La Eucaristía es el sacramento central de los cristianos, la comida sacramental en que Cristo Jesús se da como alimento a su comunidad bajo el signo del pan y el vino, para hacerle partícipe de su misma Persona Gloriosa, su Cuerpo y Sangre entregados de una vez por todas en la cruz y ahora en su existencia pascual escatológica.

 

Los frutos de la comunión eucarística los describe así el Catecismo (CEC 1391-1401): por la Eucaristía la comunidad se une más a su Señor («el que me come permanece en mí y yo en él…vive por mí, como yo vivo por el Padre»: Jn 6, 56-57); se robustece en su lucha contra el mal y el pecado; crece en fraternidad eclesial («nosotros, los muchos, somos un pan y un cuerpo, pues todos participamos de un pan»: 1Co 10, 17), mientras siente el deseo de poder celebrarla en plena unidad con todos los cristianos. A la vez se siente interpelada por la actitud fundamental de Cristo: su entrega por los demás, y trata de imitarlo con un compromiso en favor de los pobres.

 

Estructura de la Misa. Sus elementos y partes

 

En la Misa el pueblo de Dios es congregado, bajo la presidencia del sacerdote, que actúa en la persona de Cristo, para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico. En la celebración de la Misa, Cristo está realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su palabra y ciertamente de una manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas.

 

La Misa  consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto, ya que en la Misa se dispone la mesa, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo. Otros ritos abren y concluyen la celebración.

 

Ritos iniciales

 

Los ritos que preceden a la liturgia de la palabra, es decir, el canto de entrada, el saludo, el acto penitencial, el Señor ten piedad, el gloria y la oración colecta, tiene el carácter de introducción y preparación. Su finalidad es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunión y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.

 

Canto de entrada: el fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido e introducirles en el misterio del tiempo litúrgico o de la fiesta y acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.

 

Saludo al altar y pueblo congregado: el saludo al altar (beso), es signo de veneración. El sacerdote por medio del saludo manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor. Con este saludo y con la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada.

 

Acto penitencial: no tiene la eficacia propia del sacramento de la penitencia.

 

Señor, ten piedad: es un canto con el que los fieles aclaman al Señor y piden su misericordia.

 

Gloria: es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas.

 

Oración colecta: el momento de silencio debe servir para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas. Esta oración expresa la índole de la celebración.

 

1ª Parte: Liturgia de la palabra

 

Las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, con los cantos que se intercalan, constituyen la parte principal de la liturgia de la palabra; la homilía, la profesión de fe y la oración universal, la desarrollan y concluyen.

 

Lecturas bíblicas: en las lecturas se dispone la mesa de la palabra de Dios a los fieles y se les abren los tesoros bíblicos. No es lícito sustituir las lecturas y el salmo responsorial, que contienen la palabra de Dios, por otros textos no bíblicos. En la Misa celebrada con pueblo las lecturas se proclaman desde el ambón.

 

Salmo responsorial: favorece la meditación de la palabra de Dios. Se ha de procurar que se cante íntegramente, o, al menos, la respuesta que corresponde al pueblo.

 

La aclamación que precede a la lectura del Evangelio: esta aclamación constituye de por sí un rito o un acto con el que la asamblea acoge y saluda al Señor que les va a hablar en el Evangelio y profesa su fe con el canto.

 

Homilía: es parte de la liturgia, y muy recomendada, pues es necesaria para alimentar la vida cristiana.

 

Profesión de fe: la profesión de fe tiende  a que todo el pueblo responda a la palabra de Dios, que ha sido anunciada y, para que pronunciando la regla de la fe, rememore los grandes misterios de la fe y los confiese antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.

 

Oración universal: el pueblo ofrece a Dios sus peticiones por la salvación de todos.

 

2ª Parte: Liturgia eucarística

 

Preparación de los dones: se llevan al altar el pan y el vino con el agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos y que se convertirán en el Cuerpo y Sangre de mismo Cristo.

 

Oración sobre las ofrendas: expresa nuestra petición a Dios sobre el futuro próximo de los dones traídos al altar, y así se prepara inmediatamente la Plegaria eucarística.

 

Plegaria eucarística: es centro y cumbre de toda la celebración, una plegaria de acción de gracias y consagración, una oración que el sacerdote, invitando al pueblo a asociarse a él, dirige en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo en el Espíritu Santo, a Dios Padre. Se insiste que el sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio. Por eso todos la deben escuchar con silencio y reverencia.

 

Rito de Comunión

 

La oración dominical: se pide el pan de cada día, con lo que se evoca, para los cristianos, principalmente el pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, verdaderamente, «las cosas santas se den a los santos».

 

Rito de la paz: es con el que la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los fieles expresan la comunión eclesial y mutua caridad, antes de comulgar en el sacramento.

 

La fracción del pan: el gesto de la fracción del pan, realizado por Cristo en la última Cena, significa que los fieles, siendo muchos, en la Comunión de un solo pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para la vida del mundo, se hacen un solo cuerpo (1Co 10-17).

 

Comunión: el rito de comunión está pensado para ayudar a que todos puedan recibir con fruto el Cuerpo y Sangre de Cristo, participando del banquete de Cristo.

 

Oración para después de la comunión: en la que se ruega por los frutos del misterio celebrado.

 

Rito de conclusión

 

Pertenecen a este rito:

 

Algunos avisos breves si son necesarios.

 

El saludo y bendición del sacerdote.

 

La despedida del pueblo por parte del diácono o sacerdote.

 

El beso del altar por parte del sacerdote y del diácono y después una inclinación profunda del sacerdote, del diácono y de los demás ministros.

 

 

 

 

CASA DE INICIACIÓN

 

El cristianismo “nació en las casas”, en las familias que abrían sus puertas al anuncio evangélico, a los apóstoles (el término significa “enviados”), que no se cansaban de “dar testimonio” del Cristo Resucitado, vencedor de la muerte, vivo y presente en medio de la comunidad creyente que “se dedicaba a la oración en común, junto con algunas mujeres, además de María, la madre de Jesús y sus parientes” (Hechos de los Apóstoles 1,14). Ese núcleo fundamental en el que fue desarrollándose y creciendo la Iglesia se perdió luego, cuando de perseguida pasó a ser religión del Estado. La cuestión no es añorar pasados, ni siquiera es volver al pasado o recuperar cosas perdidas. La cuestión es “volver a Cristo”, renovar diariamente ese gran misterio pascual que la Iglesia actualiza en la celebración de los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía, pues allí está la fuente viva de la fe, el manantial del cual se alimenta continuamente para no envejecer, para no instalarse, para no “dormirse” añorando pasados que no van a volver. No, los creyentes no somos unos nostálgicos de música vieja. Los creyentes celebramos el gran misterio de Cristo, “Jesús Mesías es el mismo hoy que ayer y será el mismo siempre” (Hebreos 13,8). Los creyentes descubrimos cada día con asombro el gran amor de Dios manifestado en su Hijo Jesucristo, actuando diariamente por medio del Espíritu que en la Iglesia se hace presente a través de la proclamación de la Palabra y de la celebración de los Sacramentos de vida. Actuante también en las comunidades de los fieles, de las parroquias, de los movimientos apostólicos porque la fe no es individualista, la fe es personal y comunitaria.

 

Cuando hablamos de CASA DE INICIACIÓN, CASA DE CRECIMIENTO Y CASA CATÓLICA estamos describiendo UN PROCESO DE FE: En primer lugar anunciamos la Buena Noticia, gritamos a los cuatro vientos que Cristo es el Señor, que no es algo del pasado, que ha derrotada el gran enemigo que es la muerte y que encima nos da una vida nueva por el Bautismo, por la fe. Así surge la CASA DE INICIACIÓN, la casa que acoge, es decir, la pequeña comunidad creyente que “abriendo el oído” a Dios recibe el anuncio liberador de Jesucristo. Sigue luego una tarea diaria, continua, perseverante, escuchando y celebrando la Palabra de Dios, es LA CASA DE CRECIMIENTO, porque la fe es dinámica, se crece en la fe, la Iglesia nos engendra en la fe, nos comunica la fe y entonces las pequeñas comunidades van poco a poco conociendo el gran tesoro de la Sagrada Escritura, van descubriendo los Sacramentos, van celebrando la vida que Dios nos da. Y finalmente, aunque no haya un tiempo fijo o determinado (porque también hay retrocesos en la fe, abandono de la fe, crisis de fe), se construye la CASA CATÓLICA, el término no es excluyente, al contrario, significa la CASA COMÚN, LA CASA DE TODOS, LA CASA donde no sólo te informan cómo entrar en un proceso de fe, sino la CASA que celebra la fe, orienta la fe, la auténtica DOMUS ECCLESIAE = CASA DE IGLESIA. He ahí, en apretada síntesis, el proceso evangelizador al que apuntamos en nuestra Arquidiócesis de Cali. En las parroquias, en las Asambleas de pastoral que se están conformando, con los diversos movimientos o realidades eclesiales, con la ayuda del CENTRO ARQUIDIOCESANO DE EVANGELIZACIÓN, con la participación de sacerdotes, religiosas, líderes de pastoral; con la conciencia clara de que vivimos “un nuevo aire del Espíritu” comenzado con el Concilio Vaticano II hace cincuenta años y renovado en APARECIDA y en el servicio pastoral del Papa Francisco, caminamos cada día con la certeza de vivir en Cristo Resucitado, que “da sentido” a nuestra existencia, que despeja nuestras tinieblas, que renueva nuestra esperanza y que nos impulsa a la construcción de un mundo nuevo, un mundo “según Dios”. Todo el que comparta estas convicciones está invitado a construir la CASA DE INICIACIÓN, LA CASA DE CRECIMIENTO, LA CASA CATÓLICA.

 

 

 

 

ENCUENTRO DE FAMILIAS EN LA MISIÓN TERRITORIAL

 

“Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida”, fueron las palabras que el Santo Padre utilizó en la Bula de convocatoria del 11 de abril en Roma, para ilustrar el tema central del jubileo, a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6, 36).Dejémonos iluminar por la palabra.

 

Lectura del Evangelio según San Mateo 5, 1-12

 

¿Qué dice el texto Sagrado

 

¿Qué nos dice el texto Sagrado hoy?

 

La Familia, Escuela de Misericordia

 

La familia no solo está llamada a ser hogar y escuela de misericordia, sino también a redescubrirse a sí misma como expresión de la misericordia. Y es que la misericordia de Dios no tiene un reflejo más perfecto en la Tierra que la propia familia. El Papa Francisco lo expresa muy bien “La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo […]”. Así es el amor familiar: mientras que en la sociedad a veces se rechaza a las personas por incapaces, o porque no hacen bien su trabajo, o si cometen un error.

 

La misericordia se vive de forma cotidiana en la familia. De hecho, un gesto por excelencia de la misericordia es acoger el don de la vida, y más aún hoy en día, cuando la cultura promueve la fragilidad del vínculo, la violencia o la satisfacción del deseo sin límite. “Dios es misericordioso porque nos ha dado el ser.

 

Todas las obras de misericordia se pueden vivir de un modo especial en la familia entendida en su sentido amplio: incluyendo a parientes cercanos y lejanos e, incluso, a aquellos que llaman a nuestra puerta. La familia es también en sí misma misericordia de Dios en la medida en que es una prolongación de la infinita Providencia: “Dios, que provee todo para todos, provee primero a través de la familia”,

 

La oración en familia es clave para vivir la misericordia porque “la misericordia es un don: no brota solo de nuestras fuerzas”. Cada día está lleno de momentos para ensanchar el corazón para que pueda llenarse de la misericordia de Dios, y, desde ahí, convertirnos en testigos de la misericordia: la bendición de la mesa, el ofrecimiento de obras, la Eucaristía dominical o el rezo del Rosario en familia. Cada día, al caer la noche, dar gracias a Dios por el día que termina y hacer balance de la jornada, subrayando una obra de misericordia. Cada semana, elegir un día para hacer una catequesis familiar donde se expliquen las obras de misericordia

Podemos dialogar con las siguientes preguntas:

 

¿Cómo podríamos practicar las obras de misericordia en nuestros hogares cada día?

¿Nuestras familias pueden ser misericordiosas con los más pobres de nuestra parroquia? ¿Qué gestos podemos realizar?

 

Signo: luz

 

Jesús nos invita a ser misericordiosos como el Padre, nuestra misericordia es luz para tantos que sufren, que tienen hambre, que carecen de todo, al recibir esta luz, nos comprometemos como buenos samaritanos a ayudar a quien más lo necesite.

 

Terminemos nuestro encuentro tomándonos todos de las manos y recemos juntos por nuestras familias, especialmente por aquellas que sufren.

Padre nuestro.

 

Que nuestros hogares estén protegidos bajo el amparo de nuestra señora de los remedios. Dios te salve….

 

Pedimos la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo amen.

 

 

 

 

EUCARISTÍA Y MISERICORDIA

 

a. En este momento la Iglesia Particular de Cali vive dos acontecimientos importantes:

 

* El año santo de la misericordia convocado por el Papa Francisco (año que empezó el 08 de diciembre de 2015 y que terminará el 20 de noviembre del 2016).

 

* La celebración de la misión permanente en las Parroquias de la Arquidiócesis.

 

b. Uno de los mayores retos que tienen los encargados de la animación pastoral de nuestra Iglesia es motivar a los sacerdotes, diáconos, laicos para la realización de la misión que no puede ser una actividad más en la programación de nuestra Iglesia sino una oportunidad para salir a las calles de nuestra ciudad y dar testimonio de nuestra fe en Jesucristo.

 

c. El Señor arzobispo nos ha insistido mucho en las notas distintivas de una parroquia. Él quiere que nuestras comunidades sean discipulares (que se escuche con mucha atención la palabra de Jesús); sinodales (que los fieles se congreguen con convicción para la celebración de la Eucaristía) y solidarias (que haya preocupación por los pobres y necesitados).

 

d. En este artículo vamos a hablar de la celebración de la Eucaristía en el contexto del año santo de la misericordia y de la realización de la misión permanente en la que estamos empeñados. Quisiera decir tres cosas.

 

* Lo que hace daño en la celebración de la Eucaristía.

 

* El centro de la celebración es entrar en relación con Jesús.

 

* Encontrarnos con Jesús nos tiene que hacer misericordiosos.

 

e. Después de treinta años de poder celebrar la Eucaristía me parece que perjudica la celebración de la Santa Misa tres factores:

 

* Que la celebración se haya convertido en un hecho social. Muchas veces las personas no se congregan para orar, escuchar la Palabra, comulgar con Jesús fuente de vida sino para que los vean.

 

* Que muchas veces la celebración de la Misa se realice con personas cuya vida cristiana es descuidada y por eso su participación en la liturgia es escaza. Hay ocasiones en las que no se canta, no se responde, no se consigue quien proclame la Palabra de Dios y muy pocas personas comulgan. ¿En un ambiente como el que describo para que se celebra la Eucaristía?

 

* Que se pague por la celebración de la misa. Eso ha comercializado la celebración y convertido a los sacerdotes en máquinas de decir misas. El estipendio (el dinero que se ofrece por la celebración de la misa) no es ni una ofrenda ni una forma de compartir con el ministro sino una forma de presión. Como pagué la misa me la tienen que celebrar.

 

f. Para superar las dificultades anteriormente descritas tenemos que entender que participamos de la Eucaristía porque somos creyentes y queremos encontrarnos personalmente y comunitariamente (con los otros miembros de la Iglesia) en la celebración de la fe. Voy a misa porque:

 

* Anhelo escuchar la Palabra de Cristo que se proclama en la Iglesia.

 

* Comulgar el pan de la vida.

 

* Encontrar a los hermanos y orar junto con ellos.

 

Las anteriores consideraciones hacen que se supere el tema del cumplimiento (primer mandamiento de la Iglesia). Yo no participo de la Eucaristía porque es obligatorio sino porque soy creyente y quiero ir a la Iglesia a escuchar la Palabra y comulgar el Pan de la vida junto con otros hermanos.

 

g. El encuentro con Jesús tiene que transformar mi vida. Nos tiene que suceder lo que le pasó a Zaqueo, Mateo, Magdalena. Ellos no fueron los mismos después de que conocieron a Jesús. Sus vidas se transformaron. De la misma manera tiene que suceder con nosotros.

 

Tendríamos que decir:

 

YO ERA AHORA SOY

 

Indiferente ante el sufrimiento de los

 

demás Una persona preocupada ante el dolor de mi hermano

 

Tacaño para ayudar al prójimo Generoso con mis ofrendas

 

Apático ante la situación de Colombia Preocupado por el bienestar de mi país

 

Tranquilo y despreocupado Atenta para servir al pobre

 

La práctica de la misericordia es el signo de que nos hemos encontrado con Jesús. La celebración puede ser un signo vacío. Jesús nos puede reprochar y decirnos lo que les dijo a los fariseos y maestros de la Ley: “este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi” (Mc 7,6).

 

Quienes vamos con convicción a la Eucaristía no podemos olvidar tres palabras de Cristo (palabras relacionadas con el tema de la misericordia).

 

* “Ve y haz tu lo mismo” (palabras de Jesús con las que se concluye la parábola del Buen Samaritano).

 

* “No todo el que diga Señor, Señor entrará en el Reino de los cielos”. (Mateo 7,21)

 

* “Venid benditos de mi Padre” (palabras de Jesús invitando a participar de la alegría del Reino a quienes practicaron la misericordia).

 

h. En el contexto del año de la misericordia y de la celebración de la misión permanente en nuestra Iglesia de Cali no se nos puede olvidar el reto que tenemos (y que expresó el Señor Arzobispo) al decir que las parroquias deben ser:

 

* DISCIPULARES (escuchan la Palabra).

 

* SINODALES (se congregan para la celebración gozosa de la Eucaristía).

 

* SOLIDARIAS (se preocupan de los pobres).

 

Esos tres elementos deben ir juntos. Palabra – Eucaristía – Caridad son un trípode que no se puede separar.

 

 

 

LA FRATERNIDAD ES FRUTO DE LA MISERICORDIA

 

El texto bíblico al iniciar en el capítulocuatro en el libro del Génesis versa así: “Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del SEÑOR. Después dio a luz a su hermano Abel. Estamos en los relatos de origen, es decir, en unos relatos donde se nos quiere mostrar cómo ha sido el proyecto de Dios.

 

Estamos en el capítulo cuatro. El pecado se ha introducido y tiene la fuerza arrasadora que daña, destruye. Después de la expulsión del jardín, el hombre y la mujer se unen y tiene un hijo. La vida continua porque la misericordia de Dios continua. Tiene por tanto no sólo las pieles, sino que Adán (conoció) amó a Eva porque ésta fue la madre de todos los vivientes, está la promesa de vida a la cual Dios permanece fiel, y la vida continua, y continua en su dimensión de fecundidad, de bendición, aunque sí está herida, pero nacen hijos. La vida va más allá de la muerte. El hombre y la mujer mueren, pero la vida permanece en sus hijos, esto es un signo de esperanza, pero el pecado ha dejado un signo aparentemente irreversible.

 

En el versículo dos se nos dice que (Eva) dio a luz al hermano de Caín.  Se nos habla de hermano, por tanto, aquí se plantea el problema de la relación. No solo la relación entre hombre y mujer, donde se aprende a aceptar la diversidad sexual que es tema del capítulo tres sino entre hermanos. Son hermanos, pero tienen que aceptarse diversos. Donde existen hermanos es porque existen más de uno que aceptan ser diversos. Donde existen hermanos, hay más de uno y si son más de uno quiere decir que hay diferencias fundamentales, uno ha nacido antes que otro y esto pone en juego la relación a la vida, la relación a la bendición, porque es el primogénito y por lo tanto el hecho de nacer antes y el otro después ya dice que son diversos, esta diversidad es muy acentuada porque debe llegar a ser paradigmática. Se dice que el uno era cultivador del suelo y el otro era pastor. Tenemos la eterna diversidad entre dos formas de vida, la vida agrícola y la forma nómada, pastoril. Son diversos porque viven en ambientes diversos. Tienen culturas diversas. Tienen una relación con Dios cada uno distinta. Una religiosidad diversa.

 

Caín ofrece a Dios primicias de la tierra, Abel ofrece el primogénito de su rebaño. Dos formas diversas de sacrifico. Uno es un sacrifico cruento otro es ofrenda de frutos vegetales, enseñan dos formas de vivir la religiosidad. Estamos delante de la diferencia. La diferencia debería ser el lugar estupendo de la comunión, ya que porque el hombre es diverso de Dios puede estar en comunión, y porque el varón es diverso de la mujer puede estar en comunión,y porque los hermanos son diversos pueden establecer la comunión. En cambio, esta diversidad marcada por el pecado, marcada por el rechazo de ser diversos, diversos de Dios, llega a ser el rechazo de la diversidad entre los hombres.

 

La diversidad es la posibilidad para hacer la unidad.  Por eso desde el actuar de Dios que es su misericordia, las diferencias no se convierten en obstáculo para la comunión, para la fraternidad.  Esto indica que los amigos yo los escojo, soy yo quien los busco y si quiero los acepto o no, pero a los hermanos se me son dados como don, como compañeros en el camino con los cuales voy encontrando mi realización y voy ayudando a la de ellos.

 

La existencia del hombre no se hace sola, descubrimos que no estamos solos y que es imposible no encontrarse con alguien en este largo itinerario del camino de la existencia.  Cuando Caín dejando apertura en su corazón, la fuerza del mal acechando ha entrado, aunque èl puede dominarlo, ha desorganizado el proyecto de Dios, puesto que con su comportamiento ha dado muerte a su hermano. Y ahí surge otro gesto misericordioso de Dios con una pregunta que es bastante interesante y que encontramos en el versículo nueve que literalmente dice así: “dijo el Señor a Caín dónde está Abel tu hermano?”.  El pecado quiere acabar con la fraternidad, incluso ignorarla, pero Dios es el que nos recuerda que hay alguien a quien él me ha dado como hermano y por ello el texto enfatiza preguntando no solo donde está Abel sino dóndeestáAbel tu hermano.  La relación con los demás no es solo de relación de creaturalidad sino de fraternidad. Asesinar al hermano es perder mi relación conmigo mismo puesto que soy hermano porque existe mi hermano, si deja de existir mi hermano dejo de ser hermano, por tanto, un homicidio es ya un suicidio. De nuevo vuelve a resonar en el versículo 10 del mismo capítulo “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Dios no deja de insistir que el otro es hermano, esta expresión no es para herir ni colocar el dedo en la llaga para causar más dolor del que puede tener Caín sino para recordar que el proyecto del hombre para con el hombre es la fraternidad y no la enemistad; la vida, no la muerte.

 

 

 

DIOS ES MISERICORDIA

 

Punto de partida: Los creyentes,  más que hacer discursos “sobre Dios”, narramos, contamos, transmitimos UNA VIVENCIA, UNA EXPERIENCIA, UN ENCUENTRO CON DIOS. San Juan lo expresa así en su primera carta: “Lo que existía desde el principio, lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos –hablamos de la Palabra, que es la vida, porque la vida se manifestó, nosotros la vimos, damos testimonio y les anunciamos la vida eterna, que estaba de cara al Padre y se manifestó a nosotros-, eso que vimos y oímos se lo anunciamos ahora…” (1 Juan 1, 1-3).

 

Ahí está pues la clave de todo “hablar sobre Dios”: DECIR CÓMO LO EXPERIMENTAMOS, CÓMO NOS DIRIGIMOS A ÉL (LA ORACIÓN), CÓMO NOS ACERCAMOS A ÉL Y CÓMO ÉL SE ACERCA A NOSOTROS (LAS CELEBRACIONES SACRAMENTALES), CÓMOS NOS TRANSFORMA (NUESTRAS CONDUCTAS).

 

Un conocido teólogo abre su reflexión sobre Dios así: “Érase una vez un hombre que tenía junto al mar un jardín que él mismo había plantado y cuidado, y sentía cariño por cada una de las plantas que había sembrado en él. Pero llegó una tormentosa noche de invierno que amenaza el jardín, y el hombre, por el motivo que fuera, no podía ocuparse en persona de su jardín. Entonces decidió enviar a su fiel y único hijo al amenazado jardín para que salvara lo que pudiera ser salvado del jardín. Uno de los sirvientes dijo: “Es una locura enviar ahora al hijo: morirá en la inundación”. Otro sirviente le preguntó: “¿Qué es más valioso para ti: el jardín o tu hijo?”. Y el hombre respondió: Mi hijo y yo somos uno. Mi alegría es también la suya. Él sabe cuánto amo el jardín, y lo hace por mí. Él conoce bien el jardín, él fue determinante a la hora de plantarlo”. De nuevo uno de los sirvientes le dice: ¿Cómo puedes hacer sufrir así a tu hijo? Un hombre vale más que un jardín. ¿Qué clase de amor es el que tienes? No te comprendemos, hablas de un amor loco, sin prudencia, sin mesura. Y respondió el hombre: ¿Conoces algún amor que sea de otra forma? ¿No constituye esta locura mía mi más profundo y recóndito misterio?” (El teólogo se llama Klaus Berger y narra esta historia en su libro titulado JESÚS).

 

Es bien sugestiva la anécdota e inmediatamente hace pensar en el pasaje bíblico del Evangelio de san Juan en el que hay un diálogo entre Jesús y un maestro judío llamado Nicodemo que visita de noche a Jesús para preguntarle en privado quién es, de dónde viene, qué es  eso de nacer nuevamente, etc., y Jesús le va abriendo el misterio hasta decir: “Porque así demostró Dios su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida definitiva y ninguno perezca” (3, 16). Y en los evangelios llamados sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), siempre que Jesús “habla de Dios”, relata un ejemplo, una parábola que desconcierta y “pone a pensar”, porque utiliza una lógica muy distinta a la nuestra: “un hombre tenía cien ovejas, se le perdió una y dejó las noventa y nueve para buscar la perdida…” ¿Quién hace eso dejando en peligro las noventa y nueve?

 

“Un padre tenía dos hijos, uno le pidió la herencia y se fue lejos y se la gastó…volvió luego a pedir perdón…y el PADRE LE HACE UNA FIESTA…” ¿No sería mejor aplicar aquello de que “el que la hace la paga”? ¿No sería más sano castigar ejemplarmente al hijo descarriado? Es lo que nos enseña la experiencia, la vida, la sicología cotidiana. “Un patrón contrató a unos obreros por la mañana, luego a medio día y luego al atardecer. Luego les pagó lo mismo a todos, comenzando por los que llegaron tarde a trabajar”. Hasta los sindicatos protestarían inmediatamente, ¿cómo es eso?

 

PUES ESA ES LA MISERICORDIA QUE BROTA DEL PADRE, QUE EL HIJO LA NARRA Y EL ESPÍRITU SANTO LA HACE VIVENCIA CLARA EN NUESTRAS VIDAS. También nosotros experimentamos en nuestra existencia la MISERICORDIA INFINITA DE DIOS que no lleva “cuenta de nuestros pecados” que nos levanta así caigamos mil veces. También nosotros constatamos continuamente aquello de que “Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mateo 5, 45).

 

Cuando ORAMOS Y CELEBRAMOS NUESTRA FE, especialmente cuando participamos en la EUCARISTÍA comenzamos siempre “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” porque intuimos o alcanzamos a comprender esa profundidad del misterio grande de Dios que “nos abraza”, “nos envuelve”, “nos arropa” más allá de lo que podemos entender.

 

Toda la dinámica de la celebración eucarística está llena de ese AMOR MISERICORDIOSO DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU. En el acto penitencial con el que se inicia la Eucaristía, una de las fórmulas que usa el sacerdote dice: SEÑOR, TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS (y el pueblo responde: Porque hemos pecado contra Ti). MUÉSTRANOS SEÑOR TU MISERICORDIA (y se responde: Y DANOS TU SALVACIÓN. Son palabras tomadas del Salmo 84). En la Plegaria Eucarística número dos, cuando se hace recuerdo de los difuntos se dice: “Recuerda a los que han muerto en tu MISERICORDIA y a renglón seguido se pide LA MISERICORDIA PARA TODOS NOSOTROS (los que estamos participando en la celebración). Después de recitar el PADRENUESTRO, el celebrante continúa: “Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, AYUDADOS POR TU MISERICORDIA, vivamos siempre libres de pecado…”

 

Finalmente, los creyentes, que tenemos en gran puesto a MARÍA DE NAZARET, desde muy antiguo la invocamos con un bello himno gregoriano: SALVE MATER, MISERICORDIAE, MATER DEI, ET MATER VENIAE, MATER SPEI ET MATER GRATIAE, MATER PLENA SANCTAE LAETITIAE, OH MARIA = Salve, Madre de misericordia, Madre de Dios y Madre del perdón, Madre de la esperanza, y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría, Oh María.

 

Una palabra sobre la conducta, la ética, el comportamiento: Quien experimenta la MISERICORDIA DE DIOS es transformado en su interior por Dios mismo, no por mérito propio. El pasaje más claro es el de Zaqueo (leer Lucas 19, 1-10). Allí Zaqueo, dice públicamente: “la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si a alguien le he sacado dinero se lo restituiré cuatro veces”. En toda la Biblia, el cambio de conducta se “debe al actuar del Espíritu de Dios” en la persona que se ha abierto a ese Dios, que ha escuchado la Palabra, que invoca al Espíritu. Ver el famoso Salmo que “entona” David: “Oh Dios crea en mí un corazón puro, RENUÉVAME CON ESPÍRITU FIRME…

 

 

 

MARÍA MADRE DE MISERICORDIA

 

En el documento con el que el Papa Francisco invitó a celebrar ESTE AÑO JUBILAR DE LA MISERICORDIA, la llamada Bula “EL ROSTRO DE LA MISERICORDIA” (MISERICORDIAE VULTUS), dice: “Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre por el amor del Padre para ser ARCA DE LA ALIANZA entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende de generación en generación (Lucas 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María. Esto nos servirá de consolación y de apoyo mientras atravesamos la Puerta Santa para experimentar los frutos de la misericordia divina” (n. 24. De gran provecho sería luego releer con la gente esos dos números completos del final de la Bula: 24 y 25).

 

Del gran Papa Pablo VI es la frase feliz aplicada a María; la llamó ESTRELLA DE LA EVANGELIZACIÓN  (ver Evangeliinuntiandi n. 81). Sí, María de Nazaret, la mujer de la escucha (más bien dichosos los que escuchan la Palabra y la llevan a la práctica dice Jesús ante el piropo que una mujer le lanzara en público, ver Lucas 11,28); la mujer atenta a la Voz de Dios, la mujer que intercede (no tienen vino, Juan 2,3); la mujer al pie de la cruz (Juan 19,25); la mujer en oración con los discípulos (Hechos 1,13); Ella siempre ha estado presente en EL ANUNCIO DEL EVANGELIO EN NUESTRAS TIERRAS.

 

La Conferencia de APARECIDA  le dedica varios números a María entre los cuales sobresale el 269: “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió, junto al humilde Juan Diego, el Pentecostés que nos abrió los dones del Espíritu…Con gozo, constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella”.

 

Los orientales llaman a María, en griego, ODIGITRIA, significa LA QUE SEÑALA EL CAMINO HACIA CRISTO. Sin duda que nuestra fe está profundamente centrada en Cristo, no puede ser de otra manera, pero el Evangelio mismo nos fue descubriendo a ESTA MUJER DE FE, A ESTA MUJER QUE ENTONA EL MAGNIFICIAT, A ESTA MUJER QUE INVITA A “HACER LO QUE ÉL LES DIGA” (pasaje de las bodas de Caná), A ESTA MUJER AL PIE DE LA CRUZ. Además, gracias a los Evangelios de Mateo y Lucas, que narran la infancia de Jesús, MARÍA NOS RECUERDA, en primer lugar, EL GRAN ACONTECIMIENTO DE LA ENCARNACIÓN. San Pablo lo narra bellamente de esta manera: “Pero cuando se cumplió el plazo envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, sometido a la Ley, para rescatar a los que estaban sometidos a la Ley, para que recibieran la condición de hijos” (Gálatas 4, 4-5).

 

Tal vez la gente sencilla sabe más esto que los que nos damos de intelectuales. En Navidad la gente “hace el pesebre y reza ante el pesebre”, CONTEMPLA EL MISTERIO DEL VERBO HECHO CARNE.

 

En segundo lugar, MARÍA REPRESENTA A LA PERSONA LLENA DE GRACIA, así la saluda el ángel en el anuncio de la encarnación, Ella, es el modelo de todo aquel que dice SÍ A DIOS, y se deja cobijar por la presencia discreta de Dios, el don del Espíritu Santo.

 

En tercer lugar, con María comienza “un retazo de la teología de la cruz”. Releer los pasajes de Lucas, la presentación en el templo, etc. Y luego ver el pasaje de san Juan que presenta a María al pie de la cruz. De ese pasaje nació un himno muy conocido llamado STABAT MATER DOLOROSA.

 

Y en cuarto lugar MARÍA ES MODELO DE ORACIÓN, lo narra el libro de los Hechos, Ella está a la espera de PENTECOSTÉS junto con los discípulos.

 

Todos los ACTOS MARIANOS que la Iglesia recomienda: EL REZO DEL ANGELUS, EL REZO DEL ROSARIO, LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS MARIANAS: SANTA MARÍA MADRE DIOS, LA INMACULADA, LA ASUNCIÓN, LAS DIVERSAS ADVOCACIONES, etc. APUNTAN A QUE POR MEDIO DE MARÍA DESCUBRAMOS LA ACCIÓN DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS Y, COMO ELLA, PODAMOS ENTONAR NUESTRO MAGNIFICAT.

 

En esta MISIÓN TERRITORIAL, MISIÓN PERMANTENTE, cada uno de nosotros podrá “hablar de María”, si como Ella, ha sido capaz de exclamar HÁGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA (Lucas 1,38).

 

 

 

 

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Santuario Señor Jesús de  la Divina Misericordia   Cali - Colombia 2013 -2016

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